Según la Real Academia Española, civismo es el “comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”.

En realidad, no existe mucha diferencia con lo que nos dice el Reglamento General de Circulación en sus artículos 2 y 3.

 

Art. 2. Usuarios

Los usuarios de la vía están obligados a comportarse de forma que no entorpezcan indebidamente la circulación ni causen peligro, perjuicios o molestias innecesarias a las personas, o daños a los bienes.

Art. 3. Conductores

Se deberá conducir con la diligencia y precaución necesaria para evitar todo daño, propio o ajeno, cuidando de no poner en peligro, tanto al mismo conductor como a los demás ocupantes del vehículo y al resto de los usuarios de la vía. Queda terminantemente prohibido conducir de modo negligente o temerario.

 

La base del civismo, ante todo, es una actitud que deberían observar todos aquellos ciudadanos de una comunidad y que consiste en el cumplimiento de las obligaciones que se presentan para con la comunidad a la cual pertenece. Supone la observación de unas pautas mínimas  de comportamiento social que son las que permitirán que los seres humanos podamos vivir en colectividad. Las bases que propone esta conducta social son el respeto hacia el prójimo, hacia el entorno natural, los objetos y las instituciones públicas, la buena educación, la urbanidad y la cortesía.

Traslademos todo esto a la vía pública. El civismo en la vía pública no conoce o no distingue entre clases sociales, edades, sexo o nivel cultural. Nos mide a todos por igual y esa vara de medir asegura una correcta y segura convivencia en la circulación y el devenir diario a la hora de evitar accidentes, enfrentamientos, gritos, claxon y mal uso de las normas y señales.

Al preguntar si mantenemos un comportamiento cívico ante el tráfico, estamos seguros de que  la respuesta sería afirmativa. Sin embargo, ¿es así en todas las ocasiones? ¿Somos conscientes de lo fácil que es evitar situaciones desagradables con comportamientos muy sencillos? ¿Tanto nos cuesta de verdad ser cívico ante nuestro día a día en el tráfico? ¿Actuamos de igual manera como peatones, conductores o cualquier modo de interactuar con la circulación y los demás?

Las respuestas las veremos más adelante pero, vayan pensando… Piensen en su día a día: salir de casa, ir al trabajo, llevar a su hij@ al cole, pasear su mascota, cruzar el paso para peatones para ir al supermercado. ¡La cantidad de veces que cuestionamos lo mal gestionada que está nuestra ciudad en cuanto al tráfico se refiere! Pensamos: ¡quitaría o pondría aquella señal! o ¿qué hará aquí este resalto? Todo esto se ha convertido en nuestra costumbre del día a día, y esos pensamientos a veces hacen que prestemos menos atención a la señalización, la pasemos por alto o le restemos la importancia que tiene sin darnos cuenta que su correcto uso o respeto contribuyen a una mejor convivencia.

Me gustaría detenerme en ciertos aspectos del civismo desde el sentido del ámbito que analizamos:

TOLERANCIA: Es una virtud, ser tolerante como conductores o como peatones no es difícil. Piensen…

  • Tolerancia con los más vulnerables (niños, discapacitados y personas mayores). Las prisas, el estrés y la falta de paciencia hacen que no nos demos cuenta y provoquemos situaciones que los ponen en peligro. Su falta de atención, por exceso de vida acumulada o por prisas por vivir, hacen que los demás tengamos que ser más responsables. Sólo consiste en respetar ese paso para peatones con paciencia, circular con precaución por zonas residenciales o escolares, entre otros, y nunca desesperar.
  • Tolerancia con los conductores inexpertos, con sus miedos y sus dudas, a veces hacemos comentarios poco afortunados sobre su lentitud, nuestras prisas por adelantarlos e incluso con alguna mirada inapropiada. Por no hablar de aquellos conductores que vienen de zonas rurales con otro tipo de conducción a la gran ciudad, la convivencia entre estos dos tipos de conducción suele provocar tensión en ambas partes.

CORTESÍA: Es la forma educada y empática con la que actuamos con los demás. Tan sencillo como facilitar la circulación en algunos casos como la incorporación desde un estacionamiento o desde un carril de aceleración o facilitar un adelantamiento…

SOLIDARIDAD: No es más que ponernos en el lugar del otro. ¿Somos consciente que algún día me puede suceder lo que a otra persona le está pasando hoy? ¿Somos solidarios en nuestra vida en general? Tampoco aquí.

Necesitamos los unos de los otros. Prestémonos ayuda. Un accidente de tráfico, una rueda pinchada, el desconocimiento de una dirección, nuestra dificultad para estacionar, tan solo debemos cumplir lo que dice el Reglamento General de Circulación, con eso sería más que suficiente.

EDUCACIÓN: Ayudemos a nuestros hijos a crear un futuro mejor, que copien nuestros comportamiento en la vía pública, al volante o al caminar, que vean como nos ponemos el cinturón y que no nos vean increpar a otros usuarios.

Educar en todos los ámbitos, dar ejemplo de que respetar normas y señales, otros comportamientos correctos pero diferentes al nuestro, hacerlo con paciencia y humor, conducir y circular con calma es sumar, crecer con niños, jóvenes y adultos responsables.

Paciencia, educación, tolerancia, solidaridad y cortesía no forman parte de un mundo abstracto lleno de bonitas y vacías palabras. Son una realidad, la realidad que hacemos posible cada uno de nosotros, a través del respeto y el cumplimiento del Reglamento General de Circulación.

Aprendamos a respetar las diferencias, las limitaciones, actuemos con los mayores como si fuesen nuestros padres y con los menores como si fuesen nuestros hijos. No olvidemos el respeto mutuo.

Deseo que esta reflexión llegue a usted como lector y la traslade a su vida diaria y la viva conforme a la definición de “CIVISMO”.

Construyamos un entorno mejor, la base está en nosotros, la tecnología y los últimos avances, simplemente nos ayudan a evolucionar. Por todo esto, reflexionen y actúen sobre su civismo cotidiano en la vía pública.

Ramón Romero Reyes, experto en Seguridad Vial y Movilidad